domingo, abril 08, 2007

DESARROLLO INTEGRAL

Finalmente podemos, a la luz de lo escrito hasta ahora, hablar con alguna propiedad, de desarrollo integral. Queda claro de entrada que el desarrollo no puede ser confundido con el mero crecimiento económico. Es siempre una parte del mismo, pero no lo es todo, ni mucho menos. Y esto es importante por lo extendida que se encuentra la idea de que lo único que importa en un país es la economía. Sin desarrollo social (pan, techo y abrigo), sin desarrollo cultural (educación), sin desarrollo personal (realización individual, felicidad interior) y sin desarrollo físico sano (salud pública) de todos los habitantes de un país no se podrá hablar de desarrollo integral y, para mí al menos, de pleno y verdadero desarrollo. De este modo, la búsqueda del desarrollo integral, único verdaderamente acorde con una visión que coloca en el centro de sus preocupaciones a la persona humana, sin exclusión alguna, es la tarea que tenemos por delante. Si la meta final es una sociedad solidaria y fraterna, el desarrollo integral es el camino, o sea, uno que no descuide en ningún instante todos los aspectos del desarrollo de las personas, de cada una y de todas las personas. Aquí ya puedo decir que esta visión puede ser sostenida como propia por todos los humanistas de esta tierra. Para mí, además, esta es la forma en que entiendo hoy un humanismo integral. En sucesivos artículos breves tratamos este tema, precisando cuatro dimensiones suyas que generalmente se desconocen o se tratan por separado. No hemos llegado al final, en todo caso. Hay muchos otros aspectos a considerar. Pero eso será materia de otra serie.

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jueves, marzo 08, 2007

RECAPITULANDO

Lo que hemos dicho hasta ahora en los últimos cinco post merece una rápida recapitulación:
  1. Estamos en medio de una crisis, expresada en malestares varios algo confusos, pero reales, que, como toda crisis, ofrece la oportunidad de encontrar mejores caminos para enfrentar los problemas que nos aquejan.
  2. En el origen de nuestro malestar está la falta de soluciones integrales, que existen, pero que ignoramos. Las que se aplican son parciales, chatas, frías y, por eso mismo, crueles.
  3. Para lograr soluciones integrales se requiere diagnosticar bien la realidad, no equivocarse en este punto, abarcando todos sus aspectos.
  4. Toda realidad tiene cuatro grandes dimensiones: exterior-individual, interior-individual, exterior-colectiva e interior-colectiva. El desarrollo, para ser integral, debe tomar siempre en cuenta estas dimensiones. El humanismo, para ser integral, debe hacer lo mismo.
  5. Se puede salir bien de la crisis si en el campo de las políticas públicas contemplamos las cuatro grandes dimensiones de toda realidad.
La tarea que tenemos por delante no es simple. No hay que engañarse en esto. El mundo se ha hecho cada día más complejo. Por eso, formular caminos integrales, que tomen en cuenta todas las dimensiones de la realidad, no es fácil. Tal vez allí, por una cierta pereza subyacente en todos nosotros, radique una de las causas de una cierta tendencia a simplificar las cosas y concentrar esfuerzos en forma unidimensional. El paradigma dominante en la actualidad trata de reducir todo a la economía que, como disciplina se mueve básicamente en el ámbito de lo colectivo exterior. No trabaja con personas individuales, como un médico ante su paciente, ni indaga los sentimientos profundos de una persona, como lo hace el psicólogo que interroga al yo de la persona que interroga, ni mucho menos se preocupa por los valores culturales que determinan la conducta de cada sociedad humana. La economía trabaja con "recursos" humanos o, más brutal aún, con "capital" humano. En definitiva, sólo mide superficies, pero se niega a tomar en cuenta otras dimensiones y a aceptar que otras disciplinas tienen que trabajar con ella para dar cuenta de la realidad completa. La economía de la gran mayoría de los economistas contemporáneos es autista, no escucha el clamor de los pobres, el llanto de un niño o los dolores de una madre. En su egocentrismo que cree saberlo todo no escucha a nadie y se deshumaniza todos los días. Las excepciones, que las hay y son honrosas siempre, sólo confirman la regla general. A partir de aquí debemos comenzar la búsqueda de soluciones. Deberán ser integrales y, adelantando algo, atravesadas por un valor central como es la solidaridad.

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viernes, marzo 02, 2007

CUATRO DIMENSIONES DE TODA REALIDAD

En mi post anterior hablé de cuatro dimensiones de toda realidad, idea tomada de Ken Wilber. Quiero explicar un poco más este aspecto, fundamental para una aproximación sólida hacia un desarrollo integral. Tomemos el caso de la persona humana. Toda visión humanista la coloca en el centro de sus preocupaciones y no tendrá nunca problemas para aceptar que busca siempre para ella un desarrollo integral. La idea de un "humanismo integral" la conocí por primera vez leyendo hace medio siglo la obra de Jacques Maritain que se llamaba, precisamente, "Humanismo integral". No obstante esa lectura que, hecha hoy de nuevo, sigue teniendo aspectos de gran validez, ha sido la obra de Wilber la que me ha permitido aclararla mejor para los efectos de la visión política dentro de la cual he trabajado toda mi vida. (Al lector interesado le recomiendo leer "Una teoría de todo. Una visión integral de la ciencia, la política, la empresa y la espiritualidad." Ed. Kairos, Barcelona, 2ª ed. 2003) Apliquemos, entonces, las cuatro dimensiones a la persona humana, dado que es ella (cada persona y todas las personas) la que siempre está en el ámbito de las políticas públicas: De esta manera,

· cada persona deberá, desde luego, ser medida y analizada por instrumentos creados en el contexto exterior individual. Desde esta perspectiva se la verá como una máquina a mantener funcionando en la mejor forma, como un "ello" que se ve desde fuera. Se cuidará, por eso, su buena salud física y mental, a cargo de la medicina y la psiquiatría, entre otras disciplinas. Instituciones públicas y privadas tratarán de cubrir esta dimensión.

· A la vez, poseedora como es la persona de subjetividad, será explorada, de ser necesario, en el ámbito interior individual. Se procurará, así, llegar a su "yo" y, por eso, se cuidará su salud psicológica y espiritual, a cargo de la psicología profunda, por un lado, y de las religiones y corrientes filosóficas preocupadas del alma humana, por el otro. Se buscará hacerla subjetivamente feliz.

· Pero esa misma persona vive en un mundo social y políticamente organizado (familia, juntas vecinales, municipios, provincias, regiones, Estados, entre otros espacios e instituciones), donde tiene deberes y derechos. Será estudiada como individuo que se mueve en el ámbito colectivo exterior, o sea, el espacio donde se mueven "ellos". Se buscarán las mejores estructuras para asegurar su libertad y su mejor desarrollo personal. Hasta ahora, las mejores descubiertas por el hombre se enmarcan dentro de lo que denominamos democracia. Las ciencias jurídicas y sociales se encargarán de alimentar esta parte. La historia entregará también pautas significativas, procedentes de comportamientos externos pasados.

· Finalmente, pero no por ello menos importante, esta persona está también inserta en el marco de entornos culturales situados en el interior colectivo. Ellos condicionarán sus enfoques y preferencias en su vida junto a los demás. Aquí se encontrará sumergida dentro de la atmósfera que configurará e impregnará su vida entera en sociedad. La antropología cultural y la etnología, entre otras disciplinas, jugarán aquí un rol central.

Dejar de lado cualquiera de estas dimensiones equivaldrá siempre a mutilar, ni más ni menos, a la persona humana. Pero esto vale también para todas las otras realidades, como la sociedad, el país, el continente, el planeta. Sin desarrollo integral, simplemente no habrá desarrollo. Esta es la afirmación básica para sostener la necesidad de trabajar con gran dedicación y cuidado en la construcción de un desarrollo que comprenda todas las dimensiones de la persona.

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