jueves, julio 02, 2009

¿RETORNO DEL GOLPISMO EN AMÉRICA LATINA?

El golpe de Estado en Honduras es un mal precedente para toda América Latina. Podría inaugurar un nuevo ciclo de regímenes de facto en el continente. Afortunadamente -y tal vez precisamente por temor a una expansión del fenómeno- la reacción unánime dentro de la OEA para condenar el derrocamiento del Presidente de Honduras es una buena señal. Cuesta lograr semejantes consensos en la actualidad, lo que valoriza aún más la importancia de lo alcanzado. El régimen instaurado dentro de Honduras ha sido desafiado masivamente por la comunidad internacional y cabe esperar que no logre sobrevivir por mucho tiempo y se abra el camino a un retorno de la democracia. Si se tiene éxito, lo que todavía está por verse, se abrirán las puertas a una discusión muy seria respecto a muchos temas del desarrollo político latinoamericano. Menciono dos solamente. PRIMERO: estará, sin duda, el rol de lo militares una vez más. Su intervención en el campo de la política seguirá siendo un mal, pues ellos son delegados armados de todo el país para tareas de defensa en la que todos los ciudadanos están de acuerdo y que, por eso, pagan sin protestar. La autoridad que nace de ese hecho se quiebra cuando los militares toman partido por una fracción política que se enfrenta a otra. Eso termina en dictadura aunque se intente siempre disfrazarla con todo tipo de trucos retóricos. SEGUNDO: también se discutirá el intento que se viene dando en varios países por encontrar formas de reelección indefinida de los mandatarios. Esta tendencia, que estuvo presente en Honduras, también lo está en Colombia, donde el Presidente Uribe intenta lo mismo, o en Venezuela, Ecuador y Bolivia, donde Chávez, Correa y Morales, respectivamente, ya lograron abrir para ellos esa posibilidad. Es de la esencia de una democracia sana que el mando político esté más allá de las personas que lo ejercen, sujeto a normas impersonales y límites temporales estrictos. La autoridad nace del ejercicio del poder como un servicio temporal, que se presta por ciudadanos elegidos periódicamente por el conjunto de la sociedad por un período predeterminado.
En suma, será necesario clarificar mejor lo que significa hoy una democracia sana para el desarrollo político. Los chilenos, que padecimos una cruel dictadura de derecha por 16 años y medio, sabemos de lo que estamos hablando. Y sabemos también que las dictaduras de izquierda no son mejores y que por eso se desplomaron en Europa tras la caída del Muro de Berlín.

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domingo, octubre 07, 2007

LA FAMILIA PINOCHET EN PRISIÓN

Lo sucedido con los principales miembros de la familia de Augusto Pinochet Ugarte, que vivieron dos noches detenidos en diversos lugares de reclusión, suscita reflexiones que no caen en el patetismo de sus componentes y de sus defensores, que quieren mostrarlos como víctimas de un juez que sólo busca vengarse. Ante los hechos que sustentan el fallo del ministro Cerda ese argumento no resiste análisis alguno. Más bien, se constituye en la demostración de que ellos siguen creyendo que todo lo que hicieron estuvo bien hecho y que deberían ser absueltos de todo cargo. Con ese cuadro mental está asegurado el hecho de que jamás van a llegar a entender que nadie puede estar en la sociedad actual por encima de la ley y de la moral pública. Tanto el ex dictador, como su familia y entorno, usaron el poder sin control, como si el mismo Dios los hubiese autorizado. Hoy, cuando han debido experimentar una fracción minúscula de lo que padeció tanta gente durante la dictadura (48 horas recluidos), claman al cielo y hasta se sienten víctimas de violación a sus derechos humanos. Frente a esta actitud llorosa se levantan los detenidos desaparecidos, los torturados, Carlos Prats, Orlando Letelier, Bernardo Leighton, Tucapel Jiménez, los exiliados y los reprimidos en esos años aciagos. Sus casos marcan la diferencia. Ninguno de ellos tuvo las posibilidades de defenderse como las que tuvo Pinochet, su familia y sus colaboradores más cercanos. Por eso sus reclamos suenan débiles. Creo que lo que está pasando es sano, pues advierte a futuros candidatos a dictador que en algún momento se les pedirá cuenta de sus actos. Eso puede frenarlos algo si en el porvenir volviera Chile a tener una dictadura, cosa que no le deseamos a las generaciones venideras. Además, la sociedad chilena sigue avanzando en el conocimiento de la verdad. ¡Y eso también es positivo!

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