HONDURAS: DIÁLOGO ES EL CAMINO
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Quiero contribuir al debate sobre la mejor forma de avanzar hacia un desarrollo integral y hacia la contrucción, cada vez más consistente, de una sociedad solidaria, entrando en diálogo con otros acerca de los temas más actuales. Con mirada abierta a los nuevos fenómenos espero hacer algunos modestos aportes. Nadie es dueño de verdad alguna, pero entre todos podemos aproximarnos y caminar, con libertad, hacia un mundo mejor. Este es mi propósito.
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Tal como podía preverse, a seis meses de las próximas elecciones presidenciales en Chile, el panorama tenía que decantarse. La esperada encuesta CEP, dada a conocer el jueves recién pasado, logra ampliamente el objetivo. Hay dos candidatos fuertes en disputa, el ex Presidente y actual senador Eduardo Frei Ruiz-Tagle y el ex senador Sebastián Piñera Echeñique, y sólo uno más que supera el 10% de apoyo (llega al 13%), pero que no tiene posibilidad alguna de ser elegido, el diputado Marco Enríquez-Ominami. Los otros candidatos, el ex ministro Jorge Arrate y los senadores Alejandro Navarro y Adolfo Zaldívar no superan cada uno el 1% de los votos y quedan, desde ahora, virtualmente fuera de la contienda. Con ese apoyo ni siquiera tendrán poder negociador, ni representación parlamentaria alguna.
Los resultados de esta encuesta, aparte de producir el decantamiento aludido, que parece inapelable, son, a la vez, un balde de agua helada para Sebastián Piñera. El declinamiento de su candidatura se veía venir y ya varias encuestas habían comenzado a registrar el fenómeno, pero esta encuesta, señalada por toda la derecha como la más confiable, ha mostrado este fenómeno más allá de toda duda. Más adelante deberá ser estudiado este hecho, porque se parece a lo sucedido a Lavín en la última elección. ¿Exceso de exposición en ambos casos? Es una posibilidad, aunque se requiera sin duda más análisis.
En la candidatura de Frei existía la inquieta curiosidad de conocer el verdadero alcance del impacto mediático logrado por la candidatura del diputado Enríquez-Ominami. Se temía que operara el “efecto Catapilco”, del que hablé en mi post anterior. La derecha, al inflar su figura, quería lograr un claro retroceso de Frei, de modo que quedara con el diputado pisándole los talones, tratando de que se proyectase la imagen de que incluso pudiese pasar él y no Frei a la segunda vuelta. Todo este esquema se desmoronó con la encuesta y ahora la competencia se ha ordenado, quedando reducida, en la práctica a Frei y Piñera. Si esta tendencia se mantiene, el ganador final debería ser el ex Presidente, pues tiene más posibilidades de ampliar su base de apoyo. De hecho, en una segunda vuelta son más los votantes de Enríquez-Ominami que se inclinarán por Frei que los que votarán por Piñera. Esto sin olvidar que los votantes por los otros candidatos (Arrate, Navarro y Zaldivar), en su gran mayoría, seguirán también ese mismo camino.
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La política chilena tiene sus propios códigos, nacidos en el marco de su historia. "Caupolicanazo" o "naranjazo", por ejemplo, son alusiones muy precisas que hablan de ellos. Hoy, con la irrupción a la campaña presidencial del joven diputado Marco Enríquez-Ominami, estamos viviendo una nueva edición del conocido efecto "catapilco", otro producto nacional de claro significado. Dicho efecto surgió en las elecciones presidenciales de 1958, cuando Jorge Alessandri Rodríguez le ganó a Salvador Allende por un margen de 30.000 votos. Con 40.000 votos más, Allende habría ganado en 1958 y no en 1970. Lo curioso estuvo en la figura pintoresca del llamado "Cura de Catapilco" (se llamaba Antonio Zamorano Vásquez), que emergió en la campaña como candidato presidencial a disputarle el electorado a Allende. Al contarse los votos, el mentado personaje sacó 40.000 votos, precisamente los que le faltaron a Allende. Con el tiempo se supo, a través de esas confesiones al oído que siempre existen, que esta candidatura había sido levantada y hasta financiada por la derecha que apoyaba a Alessandri. No quiero alargarme más, pero invito a los lectores a mirar la prensa de derecha, sobre todo a la cadena "El Mercurio" y al diario "La Tercera" y admirar la sincronía con la que están estimulando el ego, que es a ojos vista enorme, del joven candidato, a fin de que presente su candidatura y le quite votos a Frei, favoreciendo así la candidatura derechista de Piñera. ¡Es sencillamante impresionante hacer este ejercicio! ¡Es el efecto "catapilco" en su última versión! Más moderno, pero igualmente peligroso y poco ético.
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Cuando un amigo nos deja en esta vida, como acaba de suceder con Claudio Huepe, algo de lo que es nuestra mayor riqueza en esta vida parece perderse para siempre. Un amigo es lo más próximo a la familia propia. Su partida duele casi como si se muriese un miembro de ella.
Conocí a Claudio desde muy joven y siempre nos consideramos amigos muy cercanos. Esto se acentuó cuando él debió partir al exilio durante la dictadura. Había cometido a lo menos dos “pecados”: firmar la declaración encabezada por Bernardo Leighton y otros 12 demócrata cristianos condenando “categóricamente” el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, y desafiar a Manuel Contreras en un restaurante donde todos se pusieron de pie y cantaron la canción nacional cuando este temido oficial entró, menos Claudio Huepe, que permaneció sentado. Un rato después de un cruce fuerte de palabras entre ambos, fue sacado de ahí a la fuerza y llevado a prisión. Un par de meses después, lo expulsaron del país con la “delicadeza” conocida.
En el extranjero nos vimos varias veces durante los años que estuvo viviendo en Londres, casi siempre para dialogar sobre lo que ocurría en Chile y sobre lo que podíamos hacer para contribuir al retorno a la democracia. Fue él quien me ayudó a encontrar un camino para financiar mi trabajo junto a Bernardo Leighton, que concluyó con la publicación del libro que escribí sobre él y que salió publicado bajo el título de “Hermano Bernardo”.
Su segunda residencia durante el exilio fue Caracas, lo que lo ligó de por vida a Venezuela. Llegó a ser embajador de Chile en ese país. Ahora acaba de morir allí.
Lo echaremos de menos, porque el “crespo”, como le decíamos, era un hombre positivo que buscaba con pasión un país mejor. No obstante, creo (como lo he dicho otras veces cuando la muerte de seres cercanos, como mi hija Marcela o mi hermano Gustavo, nos ha golpeado, abarcando nuestro entorno familiar y nuestros amigos) que la muerte, como final definitivo de una persona, no existe. Muere sólo lo perecible, que es el cuerpo físico. Permanece, en cambio, y para siempre, una realidad intangible, pero concreta, que nunca perecerá. Nuestro pobre lenguaje le da muchos nombres, como espíritu o alma, por ejemplo, pero que nunca logrará reflejar plenamente y con precisión el milagro y el misterio que se esconde detrás.
Claudio seguirá vivo entre nosotros, enriqueciendo a los que seguimos viviendo en esta dimensión de espacio y tiempo en la que nos movemos en la actualidad. Su ejemplo de valentía y consecuencia en la política nos seguirá interpelando e iluminando. Esta presencia misteriosa y sutil, pero a la vez real y luminosa, nos probará con el tiempo de que Claudio vive y que ello es así por la inmortalidad de las dimensiones espirituales existentes en su vida, como en la vida de todas las personas.
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