domingo, julio 12, 2009

HONDURAS: DIÁLOGO ES EL CAMINO

Podrá ser difícil un diálogo entre las partes en conflicto, pero no hay otro camino en Honduras, salvo que se decidan por la violencia, ese camino que al final sólo muestra perdedores y heridas abiertas por generaciones para la inmensa mayoría del país. La mediación iniciada por el Presidente Arias, de Costa Rica, está a la altura de su trayectoria, que lo hizo conquistar el Premio Nobel de la Paz tras su mediación en las guerras de Centroamérica que asolaron a varios países en la década de los años 80 del siglo recién pasado. Se trata de alguien con tremenda experiencia, por lo que cabe tener la esperanza de que corone con éxito su empeño. Ahora bien, hay que saber de antemano lo que implica una solución dialogada y, por lo tanto, negociada. Nunca será un camino donde las partes alcancen la totalidad de sus objetivos. Deberán, con imaginación creadora, encontrar vías intermedias que satisfagan a las dos partes. No cabe, creo, preguntar si eso es posible en Honduras, porque la responsabilidad de los contendores -expresada en el deber de lograr el bien común de esa nación- los compromete a hacer posible incluso lo que pudiere parecer imposible. No tienen escapatoria, menos aún en este caso en que toda la comunidad mundial está atenta y pendiente de que este conflicto se resuelva pacíficamente. Sin disminuir los deberes de Zelaya, surgidos de una conducta que contribuyó a precipitar a sus opositores al abismo en que cayeron, son estos últimos los que hoy tienen, en virtud de sus propios actos, la mayor cuota de pasos a dar para que la paz tenga una oportunidad histórica para terminar imponiéndose. Al final, ambas partes deberán ceder. Si no lo hacen, estaremos ante un temido callejón oscuro, sin otra salida que no sea la fuerza de las armas. Y eso sería una tragedia para Honduras, para América Latina y para el mundo entero.

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domingo, julio 05, 2009

HONDURAS: DECISIONES HISTÓRICAS EN LA ONU Y EN LA OEA Y EL ERROR DE ORIGEN DE LOS MILITARES

El consenso en la ONU y en la OEA para condenar el golpe de Estado en Honduras es, sin duda alguna, un hecho histórico. La conducta solidaria de apoyo al Presidente depuesto, Manuel Zelaya, y a su intento, fallido por ahora, de regresar a su país, también tiene trascendencia. Se trata de gestos con alta carga simbólica que sentarán precedentes positivos para el avance de la democracia en el mundo. Sin embargo, hay que concluir también que hechos como los mencionados abren, como dije en la entrada anterior, un debate que debe ser amplio y sin reservas sobre lo que se entiende por democracia. La razón de esto se encuentra en los mismos acontecimientos hondureños. Ahora quisiera referirme a uno solo de ellos: la forma empleada por los militares para deponer al Presidente Zelaya del poder (¡en paños menores directo a un avión que lo sacó del país!). Esta circunstancia precisa tipificó lo hecho como simple cuartelazo o golpe de Estado, e invalidó, en medida importante, los argumentos dados por los autores de este paso para justificarlo. Este punto es clave: el estilo condiciona la acción. Dicho de otra forma, los medios configuran los fines. Cuando se dice que se quería sacar a alguien que se había convertido en dictador, en este caso a Zelaya, y se procede con métodos propios de matones de barrio, no se puede esperar que nadie -y menos todavía la comunidad internacional- crea que con ese acto se está retornando a la democracia. La dinámica producida por ese acto inicial está a la vista: Honduras está más polarizada que antes de la expulsión de Zelaya, la represión va en aumento y ya nadie sabe cuándo el país va a alcanzar un nivel razonable de paz interna como para preocuparse de sus problemas vitales para su desarrollo. Si los ocupantes del poder insisten en quedarse y no se abren al diálogo y a la negociación, el porvenir de los hondureños, que son los que verdaderamente importan, será muy oscuro. Lo dicho no exime de responsabilidad a Zelaya, pues nunca los golpes se dan en el vacío, pero este será tema a analizar más adelante, a fin de no alargar ahora las cosas, ni confundir cada punto de esta compleja realidad.

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jueves, julio 02, 2009

¿RETORNO DEL GOLPISMO EN AMÉRICA LATINA?

El golpe de Estado en Honduras es un mal precedente para toda América Latina. Podría inaugurar un nuevo ciclo de regímenes de facto en el continente. Afortunadamente -y tal vez precisamente por temor a una expansión del fenómeno- la reacción unánime dentro de la OEA para condenar el derrocamiento del Presidente de Honduras es una buena señal. Cuesta lograr semejantes consensos en la actualidad, lo que valoriza aún más la importancia de lo alcanzado. El régimen instaurado dentro de Honduras ha sido desafiado masivamente por la comunidad internacional y cabe esperar que no logre sobrevivir por mucho tiempo y se abra el camino a un retorno de la democracia. Si se tiene éxito, lo que todavía está por verse, se abrirán las puertas a una discusión muy seria respecto a muchos temas del desarrollo político latinoamericano. Menciono dos solamente. PRIMERO: estará, sin duda, el rol de lo militares una vez más. Su intervención en el campo de la política seguirá siendo un mal, pues ellos son delegados armados de todo el país para tareas de defensa en la que todos los ciudadanos están de acuerdo y que, por eso, pagan sin protestar. La autoridad que nace de ese hecho se quiebra cuando los militares toman partido por una fracción política que se enfrenta a otra. Eso termina en dictadura aunque se intente siempre disfrazarla con todo tipo de trucos retóricos. SEGUNDO: también se discutirá el intento que se viene dando en varios países por encontrar formas de reelección indefinida de los mandatarios. Esta tendencia, que estuvo presente en Honduras, también lo está en Colombia, donde el Presidente Uribe intenta lo mismo, o en Venezuela, Ecuador y Bolivia, donde Chávez, Correa y Morales, respectivamente, ya lograron abrir para ellos esa posibilidad. Es de la esencia de una democracia sana que el mando político esté más allá de las personas que lo ejercen, sujeto a normas impersonales y límites temporales estrictos. La autoridad nace del ejercicio del poder como un servicio temporal, que se presta por ciudadanos elegidos periódicamente por el conjunto de la sociedad por un período predeterminado.
En suma, será necesario clarificar mejor lo que significa hoy una democracia sana para el desarrollo político. Los chilenos, que padecimos una cruel dictadura de derecha por 16 años y medio, sabemos de lo que estamos hablando. Y sabemos también que las dictaduras de izquierda no son mejores y que por eso se desplomaron en Europa tras la caída del Muro de Berlín.

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sábado, junio 20, 2009

ELECTORADO CHILENO ES LENTO EN CAMBIAR DE OPINIÓN

Radomiro Tomic, después de Eduardo Frei Montalva, el líder con más impacto en la Democracia Cristiana chilena, hizo una vez, en una reunión a la que asistí, la siguiente observación: "El electorado chileno es tremendamente estable, casi estático, en sus posiciones. Toma mucho tiempo lograr cambios profundos en la opinión de sus componentes." Esta afirmación, que he recordado con frecuencia, se me grabó aún más, cuando años después estudié en Alemania con el profesor de la Universidad de Heidelberg, Dieter Nohlen, el experto en sistemas electorales más destacado de la Ciencia Política alemana y occidental. Más de una vez analizamos con él, junto a otros compañeros, la situación de Chile. Allí surgió precisamente el mismo patrón de conducta de un electorado que cambia muy lentamente en sus opiniones. Uno de los ejemplos que se daban se refería precisamente a la DC, la cual, entre otras fuerzas, experimentó durante su larga etapa de crecimiento. En efecto, desde su nacimiento en 1935, hasta 20 años después, no logró penetrar en más de un 3 a 4% del electorado, obteniendo una representación parlamentaria de tres a cuatro diputados y de un senador a partir de 1949, Frei, y un segundo, pocos años después, Tomic. Su crecimiento más rápido se produjo a partir de 1956, montado en la ola de la paciente siembra, del liderazgo de Frei y de la convergencia cultural y política de fuerzas que terminaron, en 1957, creando el Partido Demócrata Cristiano, el PDC. El recuerdo de este fenómeno viene al caso con lo que acaba de suceder en Chile con una encuesta, la del CEP. Por obra de una campaña mediática potente, orquestada en particular desde la derecha, se quiso hacer creer a medio mundo que la irrupción en la arena presidencial del diputado Marco Enríquez-Ominami podría romper el esquema central de la competencia presidencial y, sobre todo, dejar casi fuera de la cancha al abanderado de la Concertación, Eduardo Frei Ruiz-Tagle. La encuesta CEP, que goza de gran credibilidad en la derecha, acaba de derrumbar estas especulaciones justamente entre los más interesados en haberlas visto confirmadas. Lo mostrado por la encuesta se encuadra dentro de lo que hemos visto. El electorado sigue apoyando mayoritariamente a la Concertación, su candidato tiene un piso del 40%, mientras Piñera tiene, pero como techo del que no sale, un porcentaje similar. Frei puede subir con relativa facilidad unos cuantos puntos más, mientras Piñera parece no estar en la mismas condiciones. Aunque la batalla será de todos modos estrecha, esta encuesta ha dejado en claro que, como dijo un analista político (Patricio Navia en el diario La Tercera), la Concertación es más "dura de matar" de lo que se creía, y que su candidato puede conquistar el quinto gobierno consecutivo para ella. Mientras tanto, la estrella del momento, el joven diputado aspirante a la Presidencia, queda con un 13 a 15% muy lejos de los máximos competidores. Ya hace unos años, otro cadidato, Francisco Javier Errázuriz, conocido con el apodo de "Fra-Fra", llegó a tener la misma presencia electoral y, pese a ello, no le sirvió de mucho. Después de su rutilante aparición en el escenario, rápidamente desapareció del cuadro político. O sea, nada nuevo bajo el sol. El cuadro se ha decantado.

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viernes, junio 19, 2009

PANORAMA SE DECANTA EN PRESIDENCIALES CHILENAS

Tal como podía preverse, a seis meses de las próximas elecciones presidenciales en Chile, el panorama tenía que decantarse. La esperada encuesta CEP, dada a conocer el jueves recién pasado, logra ampliamente el objetivo. Hay dos candidatos fuertes en disputa, el ex Presidente y actual senador Eduardo Frei Ruiz-Tagle y el ex senador Sebastián Piñera Echeñique, y sólo uno más que supera el 10% de apoyo (llega al 13%), pero que no tiene posibilidad alguna de ser elegido, el diputado Marco Enríquez-Ominami. Los otros candidatos, el ex ministro Jorge Arrate y los senadores Alejandro Navarro y Adolfo Zaldívar no superan cada uno el 1% de los votos y quedan, desde ahora, virtualmente fuera de la contienda. Con ese apoyo ni siquiera tendrán poder negociador, ni representación parlamentaria alguna.

Los resultados de esta encuesta, aparte de producir el decantamiento aludido, que parece inapelable, son, a la vez, un balde de agua helada para Sebastián Piñera. El declinamiento de su candidatura se veía venir y ya varias encuestas habían comenzado a registrar el fenómeno, pero esta encuesta, señalada por toda la derecha como la más confiable, ha mostrado este fenómeno más allá de toda duda. Más adelante deberá ser estudiado este hecho, porque se parece a lo sucedido a Lavín en la última elección. ¿Exceso de exposición en ambos casos? Es una posibilidad, aunque se requiera sin duda más análisis.

En la candidatura de Frei existía la inquieta curiosidad de conocer el verdadero alcance del impacto mediático logrado por la candidatura del diputado Enríquez-Ominami. Se temía que operara el “efecto Catapilco”, del que hablé en mi post anterior. La derecha, al inflar su figura, quería lograr un claro retroceso de Frei, de modo que quedara con el diputado pisándole los talones, tratando de que se proyectase la imagen de que incluso pudiese pasar él y no Frei a la segunda vuelta. Todo este esquema se desmoronó con la encuesta y ahora la competencia se ha ordenado, quedando reducida, en la práctica a Frei y Piñera. Si esta tendencia se mantiene, el ganador final debería ser el ex Presidente, pues tiene más posibilidades de ampliar su base de apoyo. De hecho, en una segunda vuelta son más los votantes de Enríquez-Ominami que se inclinarán por Frei que los que votarán por Piñera. Esto sin olvidar que los votantes por los otros candidatos (Arrate, Navarro y Zaldivar), en su gran mayoría, seguirán también ese mismo camino.

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miércoles, junio 10, 2009

CHILE: EL EFECTO "CATAPILCO" EN LA LUCHA PRESIDENCIAL

La política chilena tiene sus propios códigos, nacidos en el marco de su historia. "Caupolicanazo" o "naranjazo", por ejemplo, son alusiones muy precisas que hablan de ellos. Hoy, con la irrupción a la campaña presidencial del joven diputado Marco Enríquez-Ominami, estamos viviendo una nueva edición del conocido efecto "catapilco", otro producto nacional de claro significado. Dicho efecto surgió en las elecciones presidenciales de 1958, cuando Jorge Alessandri Rodríguez le ganó a Salvador Allende por un margen de 30.000 votos. Con 40.000 votos más, Allende habría ganado en 1958 y no en 1970. Lo curioso estuvo en la figura pintoresca del llamado "Cura de Catapilco" (se llamaba Antonio Zamorano Vásquez), que emergió en la campaña como candidato presidencial a disputarle el electorado a Allende. Al contarse los votos, el mentado personaje sacó 40.000 votos, precisamente los que le faltaron a Allende. Con el tiempo se supo, a través de esas confesiones al oído que siempre existen, que esta candidatura había sido levantada y hasta financiada por la derecha que apoyaba a Alessandri. No quiero alargarme más, pero invito a los lectores a mirar la prensa de derecha, sobre todo a la cadena "El Mercurio" y al diario "La Tercera" y admirar la sincronía con la que están estimulando el ego, que es a ojos vista enorme, del joven candidato, a fin de que presente su candidatura y le quite votos a Frei, favoreciendo así la candidatura derechista de Piñera. ¡Es sencillamante impresionante hacer este ejercicio! ¡Es el efecto "catapilco" en su última versión! Más moderno, pero igualmente peligroso y poco ético. 

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martes, mayo 12, 2009

LA PARTIDA DE CLAUDIO HUEPE

Cuando un amigo nos deja en esta vida, como acaba de suceder con Claudio Huepe, algo de lo que es nuestra mayor riqueza en esta vida parece perderse para siempre. Un amigo es lo más próximo a la familia propia. Su partida duele casi  como si se muriese un miembro de ella.

 

Conocí a Claudio desde muy joven y siempre nos consideramos amigos muy cercanos. Esto se acentuó cuando él debió partir al exilio durante la dictadura. Había cometido a lo menos dos “pecados”: firmar la declaración encabezada por Bernardo Leighton y otros 12 demócrata cristianos condenando “categóricamente” el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, y desafiar a Manuel Contreras en un restaurante donde todos se pusieron de pie y cantaron la canción nacional cuando este temido oficial entró, menos Claudio Huepe, que permaneció sentado. Un rato después de un cruce fuerte de palabras entre ambos, fue sacado de ahí a la fuerza y llevado a prisión. Un par de meses después, lo expulsaron del país con la “delicadeza” conocida.  

 

En el extranjero nos vimos varias veces durante los años que estuvo viviendo en Londres, casi siempre para dialogar sobre lo que ocurría en Chile y sobre lo que podíamos hacer para contribuir al retorno a la democracia. Fue él quien me ayudó a encontrar un camino para financiar mi trabajo junto a Bernardo Leighton, que concluyó con la publicación del libro que escribí sobre él y que salió publicado bajo el título de “Hermano Bernardo”.

 

Su segunda residencia durante el exilio fue Caracas, lo que lo ligó de por vida a Venezuela. Llegó a ser embajador de Chile en ese país. Ahora acaba de morir allí.

 

Lo echaremos de menos, porque el “crespo”, como le decíamos, era un hombre positivo que buscaba con pasión un país mejor. No obstante, creo (como lo he dicho otras veces cuando la muerte de seres cercanos, como mi hija Marcela o mi hermano Gustavo, nos ha golpeado, abarcando nuestro entorno familiar y nuestros amigos) que la muerte, como final definitivo de una persona, no existe. Muere sólo lo perecible, que es el cuerpo físico. Permanece, en cambio, y para siempre, una realidad intangible, pero concreta, que nunca perecerá. Nuestro pobre lenguaje le da muchos nombres, como espíritu o alma, por ejemplo, pero que nunca logrará reflejar plenamente y con precisión el milagro y el misterio que se esconde detrás.  

 

Claudio seguirá vivo entre nosotros, enriqueciendo a los que seguimos viviendo en esta dimensión de espacio y tiempo en la que nos movemos en la actualidad. Su ejemplo de valentía y consecuencia en la política nos seguirá interpelando e iluminando. Esta presencia misteriosa y sutil, pero a la vez real y luminosa, nos probará con el tiempo de que Claudio vive y que ello es así por la inmortalidad de las dimensiones espirituales existentes en su vida, como en la vida de todas las personas.

        

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